Ballet: “COPPELIA”
Junto a Bailarines invitados del Teatro Colón de Bs As

El Teatro “3 de Febrero” abre su telón para la versión completa del Ballet “COPPELIA”; una puesta en escena que consta de 3 actos y que llegó de la mano del “Instituto Rita Riso” en conjunto con Bailarines del Teatro Colón de Bs As.

Coppélia es una de las más famosas obras del repertorio tradicional de ballet y en él se recrean las bases del teatro ballet y se conjugan la danza clásica, danza de carácter y la pantomima, concluyendo en una co-creación de un espectáculo vivo, festivo, lleno de color y alegría.
Una noche para toda la familia, ya que nadie quedó sin comprender la historia, sin vivirla tal si estuviese dentro de ella.

Dirección General y reposición coreográfica: Prof. Marina Lentini Riso
Dirección Artística: Prof. Rita Riso
Maestro Artístico: Alejandro Tulio Totto
Comunicación Institucional: Corina Lentini Riso

Argumento:
Primer acto
En la plaza de una aldea de Galitzia, la joven Swanilda llega bailando ante la casa del doctor Coppelius, fabricante de juguetes, y trata de llamar la atención de Coppelia, como siempre, seria, leyendo, inmóvil en la ventana, extraña muchacha a quien los habitantes de la aldea creen hija del viejo artesano-mago. Frantz se ha enamorado de ella. Es el prometido de Swanilda, quien lo ve precisamente en el momento en que llega y lanza un beso hacia la ventana. Celosa Swanilda, bromea caprichosamente con Frantz y baila con sus amigas; todos bailan después entre czardas y mazurcas. La plaza queda luego vacía.
Sale el doctor Coppelius de su casa y se aleja dejando caer distraídamente la llave. Swanilda y sus amigas la encuentran y, movidas por la curiosidad, entran en la casa. Regresa Coppelius, buscando afanosamente la llave, encuentra la puerta abierta y se precipita adentro, mientras que Frantz, creyendo lejos al doctor, se introduce en la casa por la ventana.

Segundo acto
Las muchachas entran furtivamente en el laboratorio. En un rincón, sentada, esta Coppelia. Swanilda se acerca temerosa y descubre con alegría que solo es una muñeca mecánica, mientras que las otras se divierten poniendo en funcionamiento los autómatas que pueblan el laboratorio. Coppelius irrumpe furioso en la escena y expulsa a las intrusas; Swanilda es la única que no logra alcanzar la puerta y se oculta en el rincón de Coppelia, colocándose en el lugar de la muñeca. Frantz llega y sorprendido por el indignado viejo, le confiesa que ama a su “hija” Coppelia y que desea casarse con ella.
Iluminado por una idea, Coppelius se finge cordial y hace beber a su huésped un licor narcotizado: cae Frantz sin sentido, y el doctor lo lleva junto a su muñeca (Swanilda, en realidad), y recurre a sus artes mágicas para transferir la vida del joven a su inanimada criatura, a la que ama como si fuese su verdadera hija. Swanilda finge pasar desde el movimiento mecánico a una radiante vitalidad humana: ante Coppelius, encantado y alegre, ejecuta una brillantes danza española, hasta que, cansada del juego, pone caprichosamente todo el laboratorio en desorden y despierta a Frantz; muestra luego al doctor a su verdadera Coppelia en un rincón. Los dos jóvenes se van, felizmente reunidos, mientras que Coppelius abraza tristemente a su maniquí.
Ante tan triste escena, el resto de los muñecos construidos por el Fantástico Juguetero, no pueden quedarse sin hacer nada y, como si el sueño del viejo fabricante se hiciera realidad, esos otros muñecos sienten latir su corazón y acuden a contener las lágrimas de su creador.

Tercer acto
En la plaza del pueblo se lleva a cabo la boda de Swanilda y Frantz, con una larga fiesta de danzas.
Los armoniosos sonidos celebran el festival de la gran campana, expandiendo y desplegándose por el lugar. Las chispitas de pétalos de amor se suman y comparten la alegría, aportando instantes de magia y fantasía.
Coppelius se hace presente, reclamando los daños y destrozos ocasionados en su taller de muñecos; pero el duro corazón de éste se enternece cuando la joven pareja le ofrece sus sinceros arrepentimientos y muestras de felicidad por la fiesta. Contento, Coppelius regresa a su casa a recomponer los juguetes.
Todos, participan con algarabía, danzando y manifestando el fuerte sentimiento de amistad que circunda en torno del pueblo.